
En una
nota anterior me referí a que debíamos renovar nuestra insatisfacción con la pobreza. En la misma línea, es decir, en el mismo concepto paragua de lo que debemos renovar, creo que está el profundo rechazo (que yo leo como miedo) de las elites jóvenes a participar en política: a entrar en la verdadera conversación de poder.
Tuve la suerte de salir de unos de los colegios más prestigiosos del país, el
Saint George, de estudiar un año en la
Universidad de Chile (Leyes), y finalmente graduarme de
Psicólogo en la
Pontificia Universidad Católica de Chile. Por odioso y arrogante que pueda parecer si no se percibe el real sentido de lo que quiero expresar, debo decir que he formado parte de un pequeño grupo de personas que hemos tenido el camino fácil, por lo menos en lo relativo a las oportunidades de expandir nuestro potencial.
Recibimos un piso más que suficiente para vivir por parte de nuestros padres, hemos recibido conocimiento de los mejores profesores del país educados en las mejores universidades del mundo, y tenemos largas, poderosas y múltiples redes sociales. Creo estar a dos llamados de cualquier persona de este país con capacidad de influencia politica, económica o cultural. Y evidentemente no soy sólo yo, ni mucho menos se debe a mí.
Pues bien, parte de este grupo manifestamos nuestra insatisfacción frente a la injusticia social, como tantos lo han hecho en la historia del mundo y de Chile. Hemos hecho
acción social teniendo para nuestra generación a
Un Techo para Chile como máximo referente para la sociedad.
En
el Techo, trabajan muchos profesionales recién egresados que en su gran mayoría son de la
PUC. El nivel de profesionalismo es muy dificil de ver incluso en muchas empresas privadas: la acción está fuertemente (y a mi parecer excesivamente incluso) apoyada en la teoría, y las metas que se ponen por lo general se ven imposibles durante un tiempo. Este tipo de jóvenes - que va más allá del Techo obviamente -
evade entrar en las verdaderas conversaciones de poder, evade entrar en política.
Nos afirmamos en la teoría, en las buenas intenciones, algunos en la religión o en la iglesia. Trabajamos en ONG's tipo Techo u otras (
Emprendamos y
Mercator en mi caso), y luego nos vamos a la empresa privada, para mantener a la familia (mi caso). Los más fundamentalistas y concecuentes se van a las universidades y unos pocos al Estado en cargos de asesoría con sueldos a honorarios, tipo sector privado. Pero en politica no estamos entrando.
El grupo afortunado, por decirlo de alguna manera, está rehusando a participar, cambiar y sostener las conversaciones políticas que cambien nuestro país. No participamos en partidos políticos, ni los estamos formando. No estamos pensando postularnos a Alcaldes o Diputados, y no estamos en la sopa de la conversación y acción ciudadana. La rica unión entre pasado individual y colectivo, es un amor platónico lejano e imposible en el futuro.
Vamos muchachos... Chile es nuestro y nosotros de él.
¿Qué es lo que pasa que no estamos entrando en el partido final?
¿Qué pasa que de pronto nos desapropiamos y quedamos tranquilos?
(Leer más)